Cómo llevar tu gato a Estados Unidos desde Perú en 2026: qué pide el ingreso federal, qué pueden exigir estados y aerolíneas, y cómo armar el expediente de salida con SENASA.
La entrada de gatos a Estados Unidos suele fallar por una razón distinta a la que la gente imagina. El gobierno federal no pide el mismo paquete sanitario que exige para perros, pero el viaje igual se puede trabar por un gato con signos clínicos, por un certificado emitido fuera de ventana o por reglas estatales que nadie revisó al armar el itinerario. El caso se resuelve cuando el expediente se construye con criterio de control, no como una carpeta de papeles sueltos.
En consulta en Trujillo recibo propietarios que llegan con una idea errónea: “para gatos no piden nada”. En 2026 la realidad sigue siendo más matizada. A nivel federal, el foco está en salud pública y en inspección en el punto de entrada. En paralelo, algunos estados y territorios tienen sus propias condiciones, y las aerolíneas suelen pedir un certificado clínico con fechas estrictas. Eso define cómo se planifica desde Perú.
Estados Unidos no exige, a nivel federal, un certificado de rabia para el ingreso de gatos en la mayoría de situaciones. El dato está publicado por el CDC y se mantiene en su guía de importación de animales: el gato puede ingresar sin prueba de vacunación antirrábica, aunque el propio CDC recomienda que los gatos estén vacunados. Esa diferencia entre “no exigido” y “recomendado” cambia el manejo clínico del caso, porque el viaje no se decide solo por el formulario, se decide por el control en frontera.
El punto operativo es la inspección. El gato se revisa visualmente al llegar y puede ser retenido si muestra signos compatibles con una enfermedad de interés en salud pública. Cuando el animal llega enfermo, el control puede exigir evaluación veterinaria y esa evaluación ocurre con costo del propietario y sin la tranquilidad de que el ingreso se autorice el mismo día. No se trata de asustar; se trata de entender que el filtro federal no es un checklist, es un control sanitario.
El otro detalle federal está del lado agrícola y de fauna. APHIS ha publicado que, para gatos de compañía, no tiene requisitos sanitarios específicos para importación desde el extranjero. Ese marco reduce trámites, pero no elimina inspecciones de aduana ni controles por enfermedades. La preparación real consiste en llegar con un gato clínicamente estable, transportado de forma segura y con un historial documentable si el oficial lo solicita.
El error más caro es asumir que “Estados Unidos” es un solo reglamento. Dos lugares rompen esa simplificación: Hawái y Guam. El CDC lo menciona sin rodeos: incluso un gato que viaja desde el continente puede quedar sujeto a cuarentena local. Si el destino final es Hawái, la planificación deja de ser “entrada federal” y pasa a ser un protocolo territorial con tiempos y pasos propios.
En el resto del país, las reglas estatales pueden exigir prueba de rabia o un certificado veterinario de inspección para ciertos movimientos. En consulta, el caso típico ocurre cuando el propietario llega a un estado que solicita documentación para registrar al animal, para vivienda o para trámites municipales, y se da cuenta en destino de que no tiene cómo demostrar vacunación o examen reciente. El aeropuerto no siempre lo pedirá; el problema aparece después, cuando el gato ya está en el lugar donde vivirá.
El modo correcto de planificar es decidir destino final y ruta interna antes de emitir certificados. Un vuelo a Miami no equivale a una mudanza a Hawái, aunque el ticket diga “USA”. En Perú, cuando ese dato se define tarde, el propietario termina reemitiendo documentos a último momento desde Lima o ajustando la fecha de viaje.
El certificado clínico no es un requisito federal uniforme para gatos, pero es el documento más solicitado por transportistas. La mayoría de aerolíneas pide un certificado de salud emitido dentro de una ventana corta, con examen clínico reciente y firma de médico veterinario. El plazo cambia según transportista, y por eso en Zoovet Travel no usamos fechas “genéricas”: se calendariza en función del itinerario real.
El problema de ese documento no es su contenido, es su vigencia. Un certificado emitido con demasiada anticipación se vence antes del embarque. Un certificado emitido demasiado cerca deja sin margen si el gato presenta un hallazgo clínico que obliga a revaluación. En Trujillo, el error que más veo es pedir el certificado antes de tener confirmada la fecha final del vuelo, y luego descubrir que el documento ya no sirve el día del check-in.
Para el fundamento técnico completo, puedes leer Certificado de salud para viajes internacionales: qué evalúa y cuándo se emite en nuestra Serie Técnica. Ese artículo detalla qué se evalúa en el examen, qué se declara en el certificado y por qué la ventana de emisión existe desde la lógica del control sanitario.
El tramo peruano define si el viaje sale ordenado. Para exportación, el circuito usual incluye examen clínico, respaldo de vacunas y emisión del certificado sanitario de exportación con endoso de SENASA. El objetivo del endoso es validar que el documento tiene trazabilidad y que el animal evaluado es el que viaja. En gatos, la identificación puede hacerse con microchip, y aunque Estados Unidos no lo exija para ingreso, ayuda a sostener coherencia documental en caso de pérdida, reidentificación o cruce de datos.
La rabia en gatos entra por un carril distinto al de perros en Estados Unidos. No aparece como requisito federal, pero sí como exigencia práctica en estados, viviendas, clínicas y seguros. En casos de mudanza, un gato sin vacuna documentada queda expuesto a restricciones en destino si ocurre un incidente por mordedura o contacto con fauna local. Ese escenario se maneja mejor cuando el historial está completo desde Perú y no se intenta reconstruir después de llegar.
El transporte añade un factor fisiológico. Un gato con estrés severo puede llegar con taquipnea, hipersalivación o vómitos, y esos signos pueden activar el filtro de inspección. La preparación real no se resuelve con productos; se resuelve con acondicionamiento previo, elección de kennel adecuado, control de ayuno según indicación de transporte y una evaluación clínica que descarte enfermedad respiratoria o gastrointestinal antes del viaje.
La primera decisión es definir destino final y ruta, incluyendo escalas y territorios. Un itinerario que termina en Hawái cambia por completo el expediente. Esa definición debe ocurrir antes de emitir cualquier certificado, porque la ventana de vigencia se vuelve el límite del viaje y no al revés.
El segundo punto es decidir cuál será el “mínimo documentable” del gato, incluso si el ingreso federal no lo exige. Un certificado de salud de ventana corta y un historial de vacunación ordenado evitan discusiones con transportistas, alquileres y clínicas en destino. En Trujillo veo que quien llega con documentos limpios resuelve más rápido cualquier verificación adicional.
El tercer punto es calendarizar el circuito peruano con margen real. El endoso de SENASA no se deja para la víspera, porque cualquier corrección de microchip, fecha o identificación obliga a reemisión. Cuando se planifica cómo llevar tu gato a Estados Unidos desde Perú con tiempos ajustados, la falla típica ocurre por agenda, no por medicina: no hay cita disponible, no hay turno para endoso, o el certificado se emite fuera de la ventana que pide el transportista.
Un gato que llega con signos clínicos o con certificados fuera de vigencia puede quedar retenido y forzar evaluaciones en destino con costo del propietario. En Zoovet Travel evaluamos al paciente, ordenamos el expediente de salida con SENASA y alineamos la ventana del certificado con la ruta desde Perú. En esa primera revisión se define cómo llevar tu gato a Estados Unidos desde Perú sin improvisaciones de último día.
Calle Cuba 241, Urb. El Recreo — Trujillo, Perú